domingo, 5 de julio de 2015

El cambio: Ricardo Gareca

‘El Tigre’ Gareca nos devolvió la confianza y ese espíritu de lucha, perdida hace mucho. Y retomamos algo por demás importante, nuestro fútbol atildado.



Y así fue como comenzó un nuevo proceso. Desde que asumió el cargo de presidente de la Federación Peruana de Fútbol a finales del año pasado, Edwin Oviedo lo tuvo claro: la “bicolor” necesitaba un entrenador de prestigio continental que le devuelva la confianza a los jugadores, para acercarse al sueño de la Copa del Mundo. El motivo era que Perú venía de completar una inesperadamente fase de clasificación para Brasil 2014 con Sergio Markarián al mando, luego del meritorio tercer lugar en la Copa América 2011 en Argentina.

A la cual se sumó la larga lista de decepciones que atormenta al país desde su último Mundial en 1982. Más de 20 años sin presencias en los Mundiales aún seguimos recordando aquellas épocas de brillantes futbolistas y goles para enmarcar.

En base a esto, con el objetivo a corto plazo de hacer un buen papel en la Copa América de Chile, pero sobre todo con la idea de incrementar su competitividad en la clasificatoria para el Mundial de 2018, se fue relacionando a Juan Carlos Oblitas con nombres como los de Sabella, Ricardo La Volpe, Luiz Felipe Scolari o Reinaldo Rueda (quien fue el que estuvo más cerca). Es decir, entrenadores con experiencia recientes en mundiales. Sin embargo, el nuevo seleccionador peruano no sólo sería un técnico sin pasado alguno en selecciones y, por ende, en una Copa del Mundo, sino que además el elegido iba a ser Ricardo Gareca, el hombre que había iniciado la sequía de Perú hace justo 30 años.


GARECA NOS DEJÓ FUERA DEL MUNDIAL DE MÉXICO 86´.

Era junio de 1985 y Perú visitaba a Argentina en Buenos Aires en busca de un puesto directo hacia el Mundial de México. Las cuentas eran simples: si los visitantes ganaban se clasificarían, pero si empataban o perdían tendrían que ir al repechaje. Un reto durísimo, casi imposible en términos históricos, pero que Perú tuvo en su mano hasta el minuto 81. En ese preciso momento, con 1-2 en el marcador, el “Tigre” Gareca cambió la historia, mandando a la red un remate cruzado de Daniel Passarella, curiosamente otro de los entrenadores que sonó durante estos meses para dirigir a Perú. Aquel definitivo 2-2 provocó la primera frustración futbolera de muchos peruanos, pues mandaba a la “Bicolor” a una repesca en la que sería barrida por Chile y llevaba a Argentina a una Copa del Mundo que un año más tarde ganaría… sin contar con Ricardo Gareca.

EL´TIGRE´ CONOCÍA EL MEDIO

Pero pese a este precedente y a su falta de experiencia como seleccionador, su contratación tenía bastante sentido. Antes de triunfar en Vélez Sarsfield, donde creó un proyecto magnífico, Gareca había cumplido un más que notable papel en el fútbol peruano a los mandos del Universitario, un club histórico pero en quiebra y sin muchos jugadores de renombre al que el argentino hizo campeón en el Apertura 2008. Es decir, el “Tigre” conocía el país, su contexto y su fútbol. Una condición que se antojaba fundamental para cumplir un objetivo que, por las circunstancias, demanda a más que un buen entrenador. Porque Perú, para clasificar a un Mundial, necesita tener una identidad. Una idea. Un estilo propio. Como lo tuvo el Vélez de Gareca, conocido en su momento como uno de los equipos “más europeos” de Sudamérica. O como lo tiene Uruguay desde que nació, Colombia desde que descubrió su ritmo y Chile desde que conoció a Marcelo Bielsa.

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