El seleccionado peruano no solo hizo sudar la gota gorda al ‘Scratch’ que en tiempo extra logró la victoria en la Copa América, sino también lo hizo con la comunidad brasileña que vivió el partido desde un conocido restobar miraflorino.
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| Foto: Luis Gallardo |
¡Vamos Perú! ¡Hoy pierden brasileros! Se oían en las puertas del bar que hoy rebosaba de camisetas ‘verdeamarelas’ en medio de caipiriñas, caipiroskas y guaranás antárticas que abundaban en todas las mesas. Los gritos de aliento para la ‘blanquiroja’ venían de los amigos del volante que no dudaban ni un segundo en aminorar la marcha de sus vehículos o aprovechar el rojo del semáforo para asomarse por sus ventanas y ver el marcador que sorprendía a propios y extraños. ¡Perú le empataba a Brasil!
Si los partidos duraran solo 100 minutos, el Perú entero estaría celebrando y por todas las calles retumbaría aquella clásica frase de “empate con sabor a victoria”. Pero el reglamento FIFA es claro, los partidos duran más de 120 minutos. Los compatriotas no pudieron sostener el empate y a dos minutos del silbatazo final una genial habilitación de Neymar a Douglas Costa selló el destino del ya acostumbrado “casi” de un equipo que peleó con lo que pudo.
La tarde copada de nubes grises acompañados de una tenue garúa no era un buen presagio y eso lo sabían bien los peruanos que esperaban con mucha angustia la salida al campo de los equipos. Del otro lado, los brasileños brillaban de confianza al ver salir a su selección, que era recibida entre aplausos y brindis con las manos en alto señalando a ese cielo gris limeño típico de todos los otoños que inspiran a todo artista y escritor.
Hasta que por fin la angustia local llegaba a su fin, ambos equipo ya estaban en el terreno de juego. Empezaba la colosal ceremonia de los himnos. Primero se escuchaba aquella majestuosa composición musical de José Bernardo Alcedo secundado por la letra del gran José de la Torre Ugarte, maestros del arte de la música que dieron al Perú el segundo himno nacional más bello del mundo, sólo por detrás de la Marsellesa francesa. Ante tal muestra de arte, los brasileños aplauden en señal de respeto y admiración. A continuación, suenan las notas del himno ‘verdeamarelo’, sus habitantes no dudan en ponerse de pie y levantar las manos para entonarlo a viva voz. Al terminar, la algarabía era total, chocaban los vasos en la barra mientras las mesas eran un concierto de brindis y vivas por doquier.
Suena el silbatazo inicial y también sonaban las maracas que acompañarían el encuentro como recordándonos el lugar donde estamos. “La confianza no es buena compañera”, dijo alguna vez un sabio docente anciano de la Universidad Decana de América. De aquella confianza se aprovecha Cristian Cueva, quien abre el marcador en favor de Perú. La sorpresa era total, los brasileños desconcertados por el madrugador golpe solo miraban agazapadamente a los que gritaban el gol nacional como invitándolos a un duelo de paciencia.
La espera no pudo más y rápidamente Neymar empata para Brasil tras una combinación con su compañero de club Dani Alves. Esta vez los vasos al aire y los puños con camisetas amarillas se alzaron ante los peruanos que poco a poco se agrupaban en las afueras del recinto carioca para hacer fuerza por su querida bicolor que en un descuido defensivo permitió el empate brasilero.
La batalla había iniciado ya. Cada jugada de peligro orquestada por los peruanos que era contrarresta eran celebradas por los cariocas como si hubiera sido un gol a su favor. Si un ‘rojiblanco’ entraba fuerte a defender su zona, ellos no dudaban en pedir amonestación airadamente.
Brasil empezaba a dominar el juego. La confianza y sonrisa inicial había retornado a las mesas. A pesar de ello, el peligro constante en ambas áreas los llevaba a suspiros extensos. Los suspiros se transformaron en taurinos ‘óles’ ante una jugaba de Neymar sobre Advíncula. Un constante cambio de emociones se vivía: alegría por un amonestación a Guerrero, preocupación por un golpe recibido sobre Dani Alves.
Algunos salían a consumir al hijo del tabaco y la nicotina. Se acercaba el final del primer tiempo y se mantenía el empate. Eran figuras Gallese, Zambrano y el trasversal peruano que sostenían una paridad casi impensada en la previa del encuentro. Neymar va a patear un libre y a cada paso lo acompañan vivas y maracas mientras su tiro se perdía al saque de meta.
Pitazo para el final del primer tiempo y volvía la música mientras la vida volvía a la normalidad por unos 15 minutos. Las motos deliverys detenidas continúan su trayecto, las autoridades del orden retoman sus labores y los transeúntes continúan el paso hacia sus destinos. Otros aprovechan para ir a abastecerse de fiambres y piqueos para un segundo tiempo que prometía más emociones.
Los equipos vuelven y las emociones regresan en medio de olas de vías acompañados de aplausos. La ofensiva carioca salía con todo a menguar la resistencia peruana que era reacia al ataque del vecino país. Pasaban los minutos y la tensión crecía en la zona ‘verdeamarela’ por el gol de la tranquilidad que no llegaba.
Dunga optaba por la táctica de sustituciones: entraban Firminho y Douglas Costa para reordenar la ofensiva carioca que buscaba sin cesar la victoria. Los cambios no despertaban mayor ilusión en los brasileros que se preocupaban porque transcurrían los minutos y Perú no cedía la victoria. Los nervios eran crecientes. Una pareja de jóvenes verdeamarelos sostenían que la cantidad de títulos de América para el ‘Scratch’ era superior al de los rojiblancos, mientras sonreían volteando a ver a los peruanos que alentaban emocionados la defensa del empate.
Un hombre mayor brasilero señalaba que esa fiera defensa le hacía recordar que los campeones americanos de la defensa son los ‘charrúas’ que le arrebataron el título mundial en el Maracanazo del 50. Al sonar de esta frase las caras serias y tensas miradas abundaban en todo el recinto, pues faltaban 10 minutos y Brasil no le podía ganar a Perú.
Gareca decide renovar la volante ofensiva con Carrillo y Reyna. El partido era favorable para intereses peruanos a falta de 5 minutos para el final. Algunos compatriotas gritaban al cielo para que el árbitro pite el final. Era lógico, el negocio era por demás rentable.
Pero ante un pentacampeón, la batalla no se celebra hasta el último segundo, y eso lo tenían muy claro los cariocas que esperaban la victoria. Mientras se jugaban los extras y a falta de 2 minutos para el final, un contraataque agarra mal parado a la defensa peruana que cubrió a Neymar hasta el final. Sin embargo, la astucia de éste para habilitar a Costa y sentenciar el partido.
La algarabía estalló. Como premio que se recibe después de tantos fallidos intentos. El público brasilero alzaba su mirada al Dios de la fortuna deportiva que no los abandonó en esta oportunidad. Del otro lado, los peruanos se consolaban entre sí bajo miradas cómplices de aceptar una negativa realidad.
Pitazo final. El júbilo se refleja en los cánticos de los que levantaron 5 títulos mundiales y 8 copas americanas. Todos ellos se abrazaban para corear en favor de su cercana patria, que inicia el arduo recorrido en busca de la gloria.
En la vereda del frente los peruanos partían sigilosos por la derrota, pero con la tranquilidad de que el ‘Scratch’ no la tuvo fácil y supieron hacerlos sudar con el empate transitorio durante los 90 minutos reglamentarios. La esperanza aún vive en los corazones rojiblancos que esperan al próximo rival de turno. Por ahora, las caipiriñas, caipiroskas y feijoadas no dejan de desfilar en la noche que recién empieza en el Media Naranja Brasileiro. Por ahora.

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