La Copa América de Chile 2015 tuvo puntos positivos desde lo futbolístico, debido a la mejoría y competencia de algunas selecciones entre ellas Perú y Venezuela. Las cenicientas no existen más.
Hablar de Venezuela en fútbol,
antes del año 2002, era tener asegurados los tres puntos para nuestros equipos,
esto tanto a nivel de selecciones como de clubes. Pero todo cambió luego del
ascenso de la revolución bolivariana al poder, encarnada en la figura del
fallecido Comandante Hugo Chávez, y actualmente en la del compañero Nicolás
Maduro.
No es que en Venezuela no les
interesaran los deportes, sino que los que eran más populares eran otros que en
Sudamérica en general no lo son, como el basquetbol y el béisbol. Estos
deportes son expresión de la fuerte influencia yanqui previa a la revolución
bolivariana. La revolución entendió que tenía que desarrollar también el fútbol
para latinoamericanizar más las expresiones deportivo-culturales del pueblo venezolano,
haciéndolo de manera integral, partiendo por reivindicar el deporte y la
recreación como derechos sociales del pueblo venezolano, en segundo lugar,
profesionalizando y resguardando las condiciones laborales de los deportistas
profesionales venezolanos, entendiéndolos a los deportistas como trabajadores,
e invirtiendo el dinero que generan sus recursos naturales -que países como el
nuestro regalan a las transnacionales- en infraestructura y programas
deportivos al servicio de las mayorías.
Y en todo este proceso ocurrió
que el fútbol venezolano fue progresando, dejó de ser el rival más débil, para
en un principio pasar a ser la sorpresa al vencer a rivales de alta talla, como
Argentina o nuestra propia selección, en eliminatorias y Copa América
pasadas.
